© 2017 Alondra Berber. Todos los derechos reservados.

El incendio de las mariposas: El fuego en la vida vista por Alondra

El arte es como la vida, ¿lo dijo Aristóteles?, y como ella misma se puede ver de múltiples, infinitas formas y serán esas múltiples-infinitas interpretaciones que nuestros corazones y cerebros le den, lo que propiciará la mayor o menor riqueza de un artefacto. Esto es, artefacto, lo que la poeta Alondra Berber propone en su acercamiento creado literariamente, para que el receptor-lector-escucha se acerque a su vez y complete el acto creativo a partir de su propia fabulación, de su temporal fabulación, puesto que tantas ocasiones se acerque a las letras de Alondra, tantas interpretaciones-conocimiento-maneras de exponer sobre el texto, realizará. 

 

En los siguientes párrafos va una manera, la que en este momento específico de elaborar es desarrollada; seguramente distinta a la que podría elaborar mañana o dentro de seis años. Y quien se acerque a ella podrá compartir o no, pero lo importante es provocar el interés para lo verdaderamente trascendente en esta edición: el texto poético de Berber, El incendio de las mariposas.

 

Las mariposas tienen vida corta, pero cuando se incendian lo corto de su vida es interrumpida por el fuego. Con ese planteamiento Alondra Berber nos propone dos caminos en órdenes lineales y en estructura cronológica. Son caminos novedosos, desconocidos y por tanto, al recorrerlos, parecen caóticos; más la guía del camino, que es la misma Alondra Berber, nos ilumina las sendas con luz natural de cogniciones, luz blanca de relatos y luz cálida de párrafos de diario. Entonces el camino recorrido en cuatro etapas deja de ser senda de aventura para el saber sobre la senda misma y se convierte en un camino para mirar, compartir y sentir infancias o momentos de infancia; para mirar, compartir y sentir adolescencia temprana o momentos de adolescencia temprana.

 

¿Qué pasa en la infancia de una mariposa? La inocencia, el amor maternal, el cuidado paterno y la confianza abren la puerta al contacto con la vida y sus claroscuros empáticos con esta mariposa, que es crisálida envuelta en las paredes que impiden al aire, al agua y a la tierra que la contaminen, que la alteren. Pero cada domingo la crisálida será expuesta a que el aire, el agua y la tierra hagan de su hurgar en la mariposa niña para explorarla, una alteración. La mariposa antes de su plenitud es invadida por el aire, violentada por el agua, atormentada por la tierra; y los tres elementos juntos queman a la crisálida que antes de volverse plena mariposa odiará, cultivará y ejercerá acciones contra el aire, el agua, la tierra que la hurgaron en secrecía. La belleza de la mariposa se consumirá en el odio, la introspección, el ocultamiento de los dolores que los incendios de domingo a domingo la han hecho sufrir como capullo maltratado.

 

La vida sigue, el crecimiento fuerza a vivir dolores mayores, y cuando el árbol que sostiene al capullo se dobla, se inclina y cae estrepitosamente, la crisálida con todo e incineración tornará, por necesidad de vida, a circular por la existencia debido a su propia inercia de existir. Quizá estacionada parcial y momentáneamente en una rama del árbol que cayó para no levantarse más; pero siempre marcando el camino por la mariposa que ahora es, porque en mariposa, por fin, se ha convertido… 

 

Alondra construye una poesía de vida o de vidas en tres notas musicales que se alternan, contrapuntean, conjugan con objeto de construir una sinfonía en instrumentación alientos, maderas y cuerdas; con una universalidad en la que cabe los mismo Mahler que Gardel, Tchaikovsky que Picasso, pues Picasso también puede oírse igual que Edith Piaf, mientras la madurez autoral nada en la memoria de recuerdos elaborados en tropos que metaforizan la vida para entregárnosla conmiseración por conmiseración, terror por terror y hacer confluir los elementos en una contundente catarsis que limpia espíritus al acercarnos a profundidades extremas ¿o escondidamente cotidianas?, de la vida de una (¿las?) vida (s) en el trópico acapulqueño, que tal vez pudiera ser en cualquier lugar del universo en que habitan mariposas que el viento, el agua y la tierra llevan a las llamas permanentemente eternas del fuego.

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload