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De los sueños diurnos de Freud al desborde lúdico de Lewis Amarante

 

UNO. La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego.

 

El individuo en crecimiento cesa de jugar; renuncia aparentemente al placer que extraía del juego. Pero quienes conocen la vida anímica del hombre saben muy bien que nada le es tan difícil como la renuncia a un placer que ha saboreado una vez. 

 

Un suspiro interrumpe la lectura milésima de las mismas palabras.

 

Hablar de Freud es hablar de infancia. Gestos inocentes perseguidos por la prisa de la existencia. Es 1907. ¿Qué piensa? ¿Qué hace? ¿Qué cadena de razonamientos e imágenes mentales despiertan la inmersión en el fondo de sí mismo y a qué hora? Las manecillas del reloj tienen el sonido de algo que respira. De pronto, la reflexión lo lleva a indagar en el mundo del poeta y aquello que le otorga el poder de despertar emociones, ¿quién acaso no envidia a los bienaventurados cuyo don más preciado es la sublimación del dolor? Surge entonces “XXXV El poeta y los sueños diurnos”.

 

En la infancia una cognición acaricia la mente por primera vez como una mariposa. Los brazos extendidos sienten el pasto, la tierra o el suelo frío. El cielo se conforma por bocetos de humo y pincel. Por gamas de colores que se estrellan en las aguas. Las nubes. Las primicias impolutas de la poesía, bajo el dedo que las señala. El poeta reproduce la libertad del niño que crea un mundo propio, cambiando el juego por la fantasía.

 

Toda alegría genera recuerdo y nostalgia, un camino onírico cuyos pasos son dados con los dedos índice y medio de la mano derecha. El adulto que fantasea es el niño que revive en el cuerpo de los años.

 

El ser humano crea castillos en el aire sabiendo que alguna vez estuvo en ellos, entre disfraces, maquillajes extraños y vestuarios apenas concebibles en una obra de teatro y, aunque son más difíciles de contemplar, hay algunos adultos que disfrutan tanto de la ensoñación diurna que comparten el placer ingenuo de su espectáculo con el público naciente, el arte los plasma.

 

 

 

DOS. (Los sueños diurnos) se transforman con las circunstancias de la existencia.

 

¿Deberemos realmente arriesgar la tentativa de comparar al poeta con el hombre «que sueña despierto», y comparar sus creaciones con los sueños diurnos? 

 

Un poeta sueña despierto. Persigue las letras. Las atrapa. Un maquillista es un tipo de poeta, entre el vocablo, el teatro y el circo, capaz de poetizar el mundo a través de la tinta y crear nuevos espejos, nuevas puertas para contemplar lo que desborda el pensamiento.

 

Lewis Amarante es hoy en día un ícono del maquillaje en la industria de la moda, uno de los más aclamados hacedores de ilusión. Sus pinceles oscilan entre el lienzo-rostro de infinidad de mujeres y el gozo que todo ser lúdico evoca constante. Estallidos de luz y color. Pieles transformadas en poesía. Ojos que besan la irrealidad.

 

Silencio.

Las entrañas danzan en la avenida.

 

 

 

TRES. El poeta está en su alma y contempla por fuera a los demás personajes. 

 

Según los conocimientos adquiridos en el estudio de las fantasías, debemos presuponer las circunstancias siguientes: Un poderoso suceso actual despierta en el poeta el recuerdo de un suceso anterior, perteneciente casi siempre a su infancia, y de éste parte entonces el deseo, que se crea satisfacción en la obra poética, la cual del mismo modo deja ver elementos de la ocasión reciente y del antiguo recuerdo. 

 

Descubriendo la obra del presente artista, divago sobre lo que hay entre la carne y la máscara. Un juego entre modelos, estilistas, fotógrafos, editores y el maquillista. Es la inconformidad misma de la realidad. La necesidad de crear algo más profundo, más majestuoso. De fantasear en la fase primera de la ideación de un proyecto y jugar en la fase segunda de la ejecución del mismo. Un maquillista verdaderamente es un poeta y un soñador, alguien que va y viene del pasado, siempre con la frescura de un recuerdo feliz.

 

Reconocido internacionalmente por la fascinación que genera su trabajo, Amarante es en la actualidad el maquillista oficial de Max Factor. Ha sido jefe de los equipos de make-up de revistas como  Vogue y Rolling Stone y en pasarelas internacionales entre las que destacan Gaudí y Circuit. Entre sus clientes se encuentran Dior, Dolce&Gabanna, Zara, Kate Moss, Madonna, Sara Montiel  y Justin Timberlake, así como Love Jordina, creadora de la cinta Saving Isis, una película que por cierto, daría más material para hablar de los soñadores diurnos.

 

 

 

CUATRO. La poesía, como el sueño diurno, es la continuación y el sustitutivo de los juegos infantiles. 

 

Cuando el poeta nos hace presenciar sus juegos o nos cuenta aquello que nos inclinamos a explicar cómo sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que afluye seguramente de numerosas fuentes. Cómo lo consigue el poeta es su más íntimo secreto; en la técnica de la superación de aquella repugnancia, relacionada indudablemente con las barreras que se alzan entre cada yo y las demás, está la verdadera ars poética. Dos órdenes de medios de esta técnica se nos revelan fácilmente. El poeta mitiga el carácter egoísta del sueño diurno por medio de modificaciones y ocultaciones y nos soborna con el placer puramente formal, o sea estético, que nos ofrece la exposición de sus fantasías. A tal placer, que nos es ofrecido para facilitar con él la génesis de un placer mayor, procedente de fuentes psíquicas más hondas, lo designamos con los nombres de prima de atracción o placer preliminar. A mi juicio, todo el placer estético que el poeta nos procura entraña este carácter del placer preliminar, y el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma. Quizá contribuye no poco a este resultado positivo el hecho de que el poeta nos pone en situación de gozar en adelante, sin avergonzarnos ni hacernos reproche alguno, de nuestras propias fantasías. 

 

Cuando uno cree que ha explotado la locura, algo inicia un nuevo laberinto de risas y recreaciones vivas: la unión de Lewis con fotógrafos como Eugenio Recuenco y Paco Peregrín. Tres personajes que desde la mente toman poemas visuales como globos y los elevan. Estos divagan a su vez con el aire. Hablan con las nubes. Crean la dicha y el aliento. La lluvia. Cada creación es sin duda el sustituto de un juego infantil. Cada semblante sin puntos suspensivos habla justamente a los primeros años manifiestos.

 

Sin duda este artista motivado desde las raíces por Pablo Iglesias, es un ilusionista, un amante de explorar todas las posibilidades que un rostro ofrece, partiendo de aspectos como la luz, las sombras y el color a través del maquillaje, un poeta que plasma nuevas realidades en diversas modelos para hacernos partícipes de sus juegos o ensoñaciones diurnas.

 

*Fragmentos en cursiva pertenecen al texto de Sigmund Freud “XXXV El poeta y los sueños diurnos”.

 

 

 

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